La Tropical, el lugar de la música popular bailable en Cuba abre sus puertas



Internarse a La Tropical, uno de los célebres lugares la música popular bailable de Cuba, es penetrar a un mundo diferente en donde los bailadores tejen las llamadas ruedas de casino, es un estilo de baile para el son montuno o guaracha y luego para el nombre comercial que se le pondría a toda la música cubana bajo un solo nombre: salsa
Estar en La Tropical es transformarte en un perfeccionista con manos de Danza Aérea, que combinan la danza contemporánea con las artes circenses, las acrobacias, el ballet y el teatro con coreografía. Se complementa con música y los movimientos de los practicantes.
El día que penetré en la popular La Tropicana sentí que me trasladaba a un lugar de bosques de donde aparecían en lianas –también conocidas como Trepadoras- hermosas mujeres con trajes de plumas, lentejuelas, telas con colores brillantes (chillantes, deslumbrante, lucientes, esplendoroso, chispeante…)
Justo cuando buscaba junto a un amigo de Japón algunos lugares para sentarnos escuché una expresión típico cubanos: “¿Asere, qué bolá?”.
Era Lázaro, un buen socio que trabajaba como mesero en La Tropical. Lo salude con gran gusto, y sin chistar me invitó a sentarme porque el espectáculo iniciaría.
“Mi hermano, vas a ver unas mulatas de ensueño”, terminó la expresión Lázaro, yo aún disfrutaba la coreografía y los amigos extranjero bebían, bebían y bebían. Copeaban un rico ron añejado en Santiago de Cuba.
Aparecieron las bellas bailarinas, mulatas, mulatas “blanconaza” -significaba que podía pasar por blanca- negras o blancas.
Llego el éxtasi, el placer para los ojos, una admiración o una alegría tan intensos que es difícil describir. Definitivamente me impacto.
Es conocido como «un paraíso bajo las estrellas», pues fue construido al aire libre en una zona boscosa aprovechando el fresco de los árboles, convirtiéndose en un cabaré completamente diferente a los tradicionales.
Los Jardines de la Tropical en La Habana, inaugurado en 1904, fueron durante muchos años uno de los espacios ajardinados más importantes de la ciudad. Este espacio, con una fuerte influencia de la jardinería paisajista modernista catalana, tenía diferentes locales para el recreo y el baile, grutas, laberintos, saltos de agua, merenderos, cafeterías y un gran salón de baile.
De La Tropical, el poeta, periodista, activista político cubano y afrodescendente, Nicolás Guillén describió así a La Tropical: “Más violentos, más bachateros, más rítmicos y más populares”.
El gran director del popular grupo musical Los Van Van, Juan Formell describía así a La Tropical: “El que no triunfaba en La Tropical, no podía llegar a la cima. La meta es La Tropical, el imperio de la música bailable”.
El Gran Estadio Cervecería La Tropical – ese sería su nombre oficial, aunque todos lo conocería como Estadio La Tropical o Estadio de La Tropical – fue mandado a construir por el magnate cervecero Julio Blanco Herrera, empresario poseedor de una gran proyección social, que años antes había regalado a la ciudad unos espléndidos jardines en las cercanías del río Almendares para el disfrute de todos los habaneros.
Los Jardines de la Tropical fueron inaugurados con tres salones: el Salón Ensueño, el Salón Mamoncillo y el Salón La Cúpula. Luego se le incluyeron otros espacios, como fue en 1911 un castillo neo-árabe, que entonces funcionó como casa de juegos, con mesa de billar, piano, aunque no se hacían apuestas.
Además, había un pequeño chalet, que fue la única construcción de madera que había en el parque, y que fue, por muchos años, la residencia del maestro de obras Ramón Magrinyà (la única que se perdió totalmente en 2011).
La primera imagen muestra una vista del Jardín de la Tropical, a inicios del siglo XX; la segunda, la puerta de entrada del jardín; la tercera nos muestra el uso del hormigón armado en la decoración de los salones, donde las columnas, los arquitrabes, los techos van simulando troncos y ramas de árboles, flores, estrellas marinas, etc.
La cuarta y quinta imagen corresponden al chalet de madera donde vivió Ramón Magrinyà, y al reloj que anunciaba la apertura y cierre del jardín, los que ya no existen. La sexta imagen corresponde al castillo neo-árabe. El resto de las imágenes son áreas del Jardín de la Tropical y anuncios de los productos que se ofertaban.


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Fuente: Medios de comunicación cubanos.
Edición: Juan Balboa.
11 de noviembre 2021.